Una conferencia sobre la influencia informativa rusa en Latinoamérica fue simplificada y luego usada para atacar la credibilidad del evento y de quienes lo cubrieron.
El dato es real. Más de 1.000 periodistas y creadores de contenido latinoamericanos han sido capacitados en un curso vinculado con Rusia. La cifra no proviene de una filtración ni de una estimación externa, sino de la propia página de RT CompaRTe, el programa mediante el cual el canal estatal ruso RT ofrece talleres a periodistas y trabajadores de medios en la región.
Ese dato fue uno de los mencionados el 31 de marzo de 2026 en una conferencia celebrada en Miami, donde un panel de especialistas expuso los hallazgos del seguimiento que hizo durante más de un año a las operaciones de influencia del Kremlin en América Latina. Días después, varios medios de la región reprodujeron una nota de prensa de una agencia internacional que simplificó el encuentro asegurando que Rusia habría entrenado a más de 1.000 influenciadores para desinformar en ocho países de la región.
Esta simplificación, al ser técnicamente imprecisa, pudo haber dado la apariencia de que el Kremlin estaba entrenando directamente a influenciadores, tiktokers o youtubers para mentir a su favor en redes sociales. El 6 de abril, la Embajada de Rusia en Colombia publicó un comunicado desestimando la investigación, asegurando que se trataba de un “informe fantasma” y que había sido elaborada por una organización “poco conocida y con dudosa reputación”.
En el encuentro, los panelistas nunca hablaron de un entrenamiento para «desinformar«. La presentación se centró en las distintas estrategias que el Kremlin ejecuta en América Latina, entre ellas la formación de periodistas y comunicadores a través de RT CompaRTe, para blanquear propaganda y amplificar narrativas que se alinean con los intereses del Kremlin.
El trabajo de un año, no un documento
El 31 de marzo, el Museo Americano de la Diáspora Cubana organizó en Miami un panel para exponer públicamente los hallazgos acumulados durante el último año sobre la infraestructura de propaganda del Kremlin en América Latina. Participaron Gelet Martínez Fragela, David A. Satter, Jeffrey Scott Shapiro, Orlando Gutiérrez-Boronat, Nicolás de Pedro y John Suárez, seis especialistas en propaganda rusa, amenazas híbridas y movimientos democráticos latinoamericanos.
Lo expuesto en el foro de Miami forma parte de la Iniciativa de Seguimiento de Desinformación en América Latina de la Digital News Association (DNA), de la cual Gelet Martínez Fragela es CEO. La iniciativa es coordinada por los periodistas Jeffrey Scott Shapiro, con trayectoria en investigaciones sobre asuntos cubanos y rusos para The Washington Times, y David A. Satter, periodista y ensayista estadounidense, ex corresponsal en Moscú y observador de larga trayectoria sobre Rusia y la ex URSS.
Durante todo un año, los analistas de DNA difundieron alertas periódicas y columnas de opinión a través de un newsletter enviado por correo electrónico a sus suscriptores y de artículos de análisis publicados también en medios como The Washington Times, la revista colombiana Semana y el diario español El Debate. Entre los temas que abordaron destacan el antisemitismo promovido desde el Kremlin en el régimen de Nicolás Maduro, el crecimiento de RT en Español en México, la narrativa rusa sobre los aranceles de Donald Trump, el uso del Club de Periodistas de México para blanquear contenido ruso y el concepto de “lavado de información”.
Ese trabajo previo ayuda a entender qué sirvió de base para el panel presentado en Miami. El trabajo que sustentó el panel no se publicó en un único documento descargable, como pudo interpretarse de la cobertura inicial, pero eso no significa que no exista contenido que lo respalde. Cazadores de Fake News accedió y analizó la grabación de la conferencia y varios artículos enviados por la propia DNA, algunos de los cuales sirvieron como base para la elaboración de la nota de prensa original.
Consultada por la organización, Martínez Fragela explicó que la conferencia del 31 de marzo sintetizó los hallazgos publicados durante un año en las alertas difundidas por la organización, y que parte del material de respaldo fue entregado a la agencia internacional que difundió la nota de prensa del evento.
Al menos un reporte de DNA está disponible en formato descargable —una síntesis de marzo de 2026 compartida por la propia organización con Cazadores de Fake News—, pero ese y otros materiales no se encuentran publicados de forma abierta en internet. Su consulta es posible a través de las alertas enviadas por correo electrónico a medios y periodistas registrados en el servicio, o bajo solicitud.

Además, confirmó que la cifra de los más de 1.000 capacitados nunca fue una afirmación de DNA o de los panelistas del evento, sino un dato que la propia RT ha promovido públicamente sobre su iniciativa RT CompaRTe, un programa que ofrece talleres gratuitos a periodistas y trabajadores de medios latinoamericanos sobre temas como manejo de fuentes, uso de inteligencia artificial e incluso verificación de datos.
No solo DNA ha publicado investigaciones sobre los programas de capacitación de RT en la región. Cazadores de Fake News documentó que RT CompaRTe había realizado programas de formación en la Universidad Internacional de las Comunicaciones (Lauicom) de Venezuela a principios de 2025, y FactChequeado también había documentado actividades similares en México.
No es desinformar, es influir
“El Kremlin no transmite propaganda hacia América Latina. La fabrica allí”. Con esa frase en pantalla, escrita en inglés, el investigador Jeffrey Scott Shapiro describió una de las principales conclusiones de la investigación de DNA.
Aunque parte de la cobertura posterior del evento resumió lo conversado por los panelistas resaltando la cifra de los 1.000 periodistas, comunicadores e influenciadores formados por RT, durante el evento en Miami el énfasis estuvo en el mecanismo que convierte esa formación en una vía para lavar narrativas. Lo relevante no era tanto lo que se enseña en los talleres, sino quién los impulsa, con qué propósito y con qué efectos.
Durante el panel, los especialistas describieron cómo RT construye infraestructura mediática local en varios países de la región, cómo adapta un mismo evento en narrativas opuestas dependiendo de si la audiencia habla inglés o español, y cómo esa maquinaria convierte el discurso orgánico latinoamericano en un canal para sus propios mensajes.
Según su página oficial, los periodistas y creadores de contenido capacitados por RT CompaRTe en los talleres han accedido a formación en producción audiovisual, manejo de redes sociales y formatos como el video vertical para TikTok. Las capacitaciones han sido impartidas en Argentina, México, Cuba, Nicaragua, Venezuela, Colombia, Guatemala, Panamá, Chile y hasta en Guinea Ecuatorial.
Lo que no figura en la información oficial publicada por RT CompaRTe, pero que sí quedó registrado en la declaración de uno de los participantes del curso impartido en Caracas en enero de 2025, es otro propósito atribuido por los propios asistentes a esa formación: aprender a “defender” al gobierno venezolano —aliado de Rusia— frente a la llamada “Guerra Comunicacional”.
El taller realizado en Caracas reunió a más de 30 periodistas y creadores de contenido venezolanos y extranjeros, algunos de los cuales se encontraban activos en redes sociales entonces apoyando la administración de Nicolás Maduro —como el argentino Diego Omar Suárez, conocido como “Michelo 2.0”—, junto a integrantes de organizaciones juveniles oficialistas como la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (JPSUV), la Juventud Comunista de Venezuela y el Movimiento Futuro, representantes de redes comunicacionales como Comunicadores CLAP y de varias Guerrillas Digitales oficialistas.

El curso de RT CompaRTe en Venezuela es un ejemplo del mecanismo descrito por los panelistas en Miami: en su fachada enseña técnicas y herramientas útiles en el oficio periodístico y la creación de contenidos en redes sociales, pero en la práctica opera como un espacio de alineación entre actores locales con credibilidad propia y los intereses comunicacionales del Kremlin y sus aliados regionales.
La respuesta de la embajada rusa en Colombia
Como respuesta a la cobertura realizada por varios medios de comunicación colombianos y latinoamericanos, la Embajada de Rusia en Colombia emitió un comunicado en el que refutó la nota de prensa inicialmente difundida, enfocándose en la supuesta inexistencia de pruebas y de un informe. El texto, publicado el 6 de abril, enmarcó la cobertura como una “masiva e infundada campaña antirrusa” impulsada desde los medios occidentales y calificó el trabajo de DNA como un “informe fantasma” elaborado por una organización “poco conocida y con dudosa reputación” que, según el comunicado, nunca se publicó en internet.
Sin embargo, la conferencia del 31 de marzo sí existió y está disponible en video, como síntesis del año en el que DNA distribuyó sus investigaciones mediante artículos, alertas y newsletters a sus lectores y suscriptores. El “documento” al que se refiere la embajada nunca existió en la forma esperada, porque la propia conferencia fue, en sí, la síntesis de ese año de trabajo.
Más allá de ese matiz, la reacción diplomática reprodujo varias de las tácticas descritas en la presentación de Miami. Durante la conferencia, Shapiro había mencionado específicamente el caso de Colombia, señalando que la diplomacia rusa suele elogiar la neutralidad de su gobierno mientras acusa a los medios locales de tener un “sesgo occidental”.
El comunicado de la embajada rusa en Colombia terminó encajando con varias de esas tácticas y lejos de desmentir el trabajo presentado en Miami, terminó confirmando en la práctica el mecanismo que ese mismo trabajo denunciaba.
Cazadores de Fake News investiga cada caso mediante la búsqueda y el hallazgo de evidencias forenses digitales en fuentes abiertas. En algunos casos, se usan datos no disponibles en fuentes abiertas con el objetivo de reorientar las investigaciones o recolectar más evidencias.
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