A un mes de la captura de Maduro, la propaganda reordena el relato en torno a Delcy Rodríguez

La nueva normalidad del oficialismo venezolano se mantiene en pie aprovechando símbolos de victoria, poder y estabilidad. En un contexto de vigilancia y autocensura, se busca desviar la atención de la acusación contra Maduro y reforzar la cohesión alrededor de Rodríguez

Por La Hora de Venezuela

Las fotografías de Delcy Rodríguez, gobernante encargada de Venezuela, vestida de rojo y sosteniendo el bastón de mando de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), o caminando junto a los principales representantes de la cúpula chavista, apenas un mes después de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Caracas, se han convertido en símbolos de su ascenso al poder.

Las imágenes, más allá del acto ceremonial, han sido mostradas repetidamente a través de canales de televisión estatales y por los grupos, canales y cuentas que conforman la red de propaganda digital gubernamental. Están orientadas a proyectar que el debate sobre quién manda en el país está resuelto, presentando a Rodríguez como garantía de continuidad institucional y equilibrio del poder en el oficialismo tras la inestabilidad generada por la ausencia de Maduro.

Delcy Rodríguez recibió el bastón de mando de la FANB el pasado 29 de enero

Pero la construcción simbólica alrededor del bastón de mando no surgió de inmediato, sino que fue el resultado de un replanteamiento de la estrategia comunicacional que tomó varias semanas. Fue una evolución que partió de la falta de respuesta comunicacional de la madrugada del 3 de enero hasta convertirse en una campaña de propaganda de alta intensidad, con varias narrativas impulsadas en simultáneo.

El reacomodo comunicacional del primer mes del chavismo sin Maduro parece haber logrado, al menos hasta ahora, blindar la figura de Rodríguez como presidenta encargada y ajustar su dispositivo de propaganda a una nueva realidad, en la que evitar la aparición de fisuras internas es tan importante como contrarrestar presiones, rumores y narrativas generadas de forma externa.

De acusado de narcotráfico a prisionero de guerra

La noche en la que Nicolás Maduro y Cilia Flores fueron capturados en Caracas, ni la respuesta militar ni la comunicacional se activaron con la rapidez habitual.

El operativo de defensa que durante meses había exaltado la capacidad de la FANB para enfrentar una agresión militar extranjera no funcionó con la articulación que se prometía. Pese a meses de llamados oficialistas a coordinarse en múltiples plataformas frente a la “guerra cognitiva” —atribuida, según el encuadre oficial, a Estados Unidos— su aparato comunicacional tardó en reaccionar de forma coordinada, salvo por mensajes aislados de propagandistas que publicaron contenidos en redes sociales esa madrugada.

Fueron necesarios varios días para que el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información (Mippci) comenzara a ordenar con claridad qué debía leerse, repetirse y amplificarse en toda la red de propaganda gubernamental venezolana.

La primera gran campaña de propaganda desplegada luego de las capturas aprovechó el gesto de la “V” de victoria que Nicolás Maduro hizo con los dedos de su mano, con dificultad, mientras estaba esposado y era escoltado durante su traslado al Centro de Detención Metropolitana de Brooklyn, Nueva York.

El 5 de enero, el entonces ministro de Comunicación e Información, Freddy Ñáñez, aseguró en una reunión interna que esos gestos habían sido señales enviadas por Maduro a las bases chavistas. Según Ñáñez, la “V” significaba “Nosotros venceremos” y, el gesto de los dos pulgares hacia arriba que Maduro hizo en otro video distinto, significaba “estoy bien, sigan adelante”.

Ambos gestos, supuestamente, formaban parte de un plan en el que Maduro había previsto “todos los escenarios posibles”. Ñáñez pidió a sus equipos y funcionarios “explotar comunicacionalmentelos símbolos, y compartió el plan con militantes y propagandistas para que lo difundieran.

Las supuestas señales enviadas por Maduro con sus manos fueron repetidas por otros funcionarios estatales y aprovechadas en la creación de imágenes, videos y memes difundidos los siguientes días, en una campaña que buscó transformar una imagen de derrota en un símbolo de resistencia.

La señal de la “V” de “Venceremos” fue reproducida en murales y afiches, además de aparecer en videos, marchas y durante discursos de funcionarios públicos.

El oficialismo también organizó manifestaciones de calle en apoyo a Nicolás Maduro y Cilia Flores, dentro y fuera de Venezuela. En contraste, aunque la diáspora venezolana festejó la captura de Maduro en varias capitales del mundo, dentro del país no se registraron manifestaciones ni festejos multitudinarios. 

La falta de celebración interna no respondió a un apoyo multitudinario de la población a Maduro, ni a la indiferencia de los venezolanos. Fue en parte efecto de un marco coercitivo que se intensificó el 3 de enero cuando se publicó el Decreto N° 5.200 de Estado de Conmoción Exterior, que penaliza cualquier manifestación a favor de la operación estadounidense, incluyendo gestos simbólicos que pudieran ser interpretados como “promoción o apoyo” a la captura.

El silencio en las calles fue también un reflejo del ambiente de vigilancia social presente en el país desde las elecciones presidenciales de 2024, cuando el monitoreo sistemático de internet convirtió, incluso a opiniones publicadas en historias y grupos de WhatsApp, en motivos de detención arbitraria bajo cargos de “incitación al odio” o “terrorismo”. 

Desde entonces, se incrementó la autocensura y disminuyó la expresión pública de disenso, permitiendo que el discurso oficial fuera amplificado sin competencia.

El Artículo 5º del Decreto N° 5.200 de Estado de Conmoción Exterior legaliza la búsqueda y captura de personas involucradas en “promoción o apoyo” del ataque armado de Estados Unidos.

Múltiples actores del ecosistema de propaganda oficialista también aprovecharon las diferencias reseñadas por medios internacionales entre la acusación original contra Nicolás Maduro y Cilia Flores, publicada en 2020, y la versión del 3 de enero de 2026. Aunque en esta última se mantienen cargos por presuntas conspiraciones de narcotráfico y narco-terrorismo, el “Cartel de los Soles” se menciona apenas dos veces y ya no se describe como una organización de narcotráfico liderada por Maduro, sino como un “sistema de patronazgo” dentro de élites civiles, militares y de inteligencia.

Desde entonces se ha venido impulsando otra campaña de propaganda que subraya esas diferencias y desplaza el foco del detalle del expediente, que incluye señalamientos específicos sobre presuntos envíos de cocaína, cobertura diplomática, sobornos y coordinación con redes criminales.

La estrategia de propaganda documentada en video

El rol primordial del Ministerio de Comunicación e Información venezolano en la conducción de la estrategia comunicacional oficialista quedó claro el 10 de enero. Ese día, funcionarios del ministerio se reunieron con comunicadores y propagandistas para reforzar la unidad interna en torno a Rodríguez y coordinar el despliegue de narrativas ministeriales en múltiples escenarios: calles, redes, medios y paredes, además de la “Radio Bemba”, la conversación informal cotidiana entre venezolanos.

De acuerdo a lo conversado en la reunión, parte de la red de comunicadores debía actuar de forma parcialmente encubierta, operando como “el Ministerio de Comunicación que estará en la sombra” —según palabras del ex ministro Freddy Ñáñez—, ayudando a diseminar frases o narrativas que no podían mencionarse a través de canales oficiales.

La reunión del 10 de enero quedó registrada en video y fue publicada en una versión casi íntegra por la coalición de medios venezolana La Hora de Venezuela.

La reunión ministerial del 10 de enero de 2026 fue publicada de forma casi íntegra, dejando expuesta la estrategia comunicacional del Mippci durante la gestión del ex ministro Ñáñez

El medio británico The Guardian también reseñó la reunión ministerial, poniendo el foco en el tono de emergencia con el que se buscó fijar la estrategia de propaganda y en una llamada telefónica que realizó Delcy Rodríguez hacia el final de la reunión. En esa llamada, Rodríguez pidió unidad, “paciencia” y “prudencia estratégica”, y enumeró prioridades como mantener la paz en el país, rescatar a Maduro y a Flores y garantizar que el oficialismo preserve el poder político.

La publicación de la reunión del 10 de enero comprometió la estrategia comunicacional que el Mippci había utilizado durante años, sustentada en una red de medios, comunicadores digitales y propagandistas aliados que amplifican regularmente sus narrativas, incluso de forma encubierta, sirviendo como antesala a la reconfiguración del mando comunicacional de los siguientes días.

Cambios ministeriales y nueva política comunicacional

El 16 de enero, apenas cuatro días después de la publicación de la reunión del Mippci con comunicadores y propagandistas, Delcy Rodríguez destituyó a Freddy Ñáñez como ministro de Comunicación e Información y designó en su cargo a Miguel Ángel Pérez Pirela, periodista y director del portal web La Iguana TV. 

Durante las primeras semanas de su gestión, Pérez Pirela articuló su política comunicacional alrededor de tres prioridades narrativas. Por un lado, la defensa y blindaje comunicacional de Delcy Rodríguez, como símbolo de la unidad en el oficialismo. Por otro, la exaltación de su gestión, presentando resultados en su administración como supuesta prueba de que ejerce el gobierno de Venezuela sin ningún tutelaje extranjero. Y, por último, la épica nacionalista que enmarca el reclamo por la liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores, con la que se intenta reencuadrar el impacto del 3 de enero en una narrativa de resistencia, además de servir para apaciguar los rumores de “traición”.

En conjunto, esos tres ejes condensan las líneas de propaganda impulsadas por el oficialismo a un mes del 3 de enero: lealtad alrededor del mando de Rodríguez, soberanía como marco para validar su ejercicio de gobierno y dignidad como eje para resignificar la detención de Maduro y Flores.

En redes sociales también se impulsaron campañas coordinadas, con cuentas de la red de propaganda gubernamental difundiendo imágenes, montajes y memes en apoyo a Delcy Rodríguez.

La estrategia del Ministerio de Comunicación bajo el mando de Pérez Pirela no ha abandonado del todo el método de propaganda multiplataforma observado desde la gestión de Ñáñez, definido en el manual “Calles, Redes, Medios, Paredes y Radio Bemba” atribuido a Nicolás Maduro, aunque ha reenfocado su respuesta comunicacional. 

Uno de los nuevos recursos estrenados durante su gestión es la cuenta de respuestas rápidas en X, “Miraflores al Momento”, desde la cual se intentan contener supuestos bulos o rumores contra Rodríguez estampando sellos de “fake” sobre artículos de prensa nacional e internacional, aunque sin ajustarse a ninguna metodología concreta de verificación. En la práctica, este perfil en X es un altavoz de desmentidos oficiales de parte, similar a cuentas de “respuesta rápida” utilizadas por el actual gobierno estadounidense y cuyo uso de sellos para marcar negaciones, remiten a las etiquetas “antifake” utilizadas por algunas organizaciones de contrapropaganda vinculadas con el Kremlin.

La versión actual de la campaña también ha aprovechado otros formatos y expresiones, además de las concentraciones, graffitis y campañas digitales utilizadas tradicionalmente por las bases del chavismo. 

En avenidas o carreteras venezolanas se han comenzado a instalar gigantografías con la imagen de la ex pareja presidencial capturada, junto a mensajes como “los queremos de vuelta” o “#BringThemBack”. El 23 de enero se presentó un espectáculo masivo con drones que con sus luces dejaron mensajes en el cielo de Caracas, reclamando el retorno de la pareja, buscando reforzar la moral de sus simpatizantes con consignas como “nosotros venceremos”. 

Tanto las gigantografías como el espectáculo de drones fueron reseñados a través de Venezolana de Televisión y por gran parte del ecosistema de propaganda oficialista.

Vallas y espectáculos con drones formaron parte de la estrategia de propaganda gubernamental que pidió la libertad de Nicolás Maduro y Cilia Flores

La campaña de propaganda activada tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores sigue en curso y se ha ido ajustando sobre la marcha. El bastón de mando de la FANB en manos de Delcy Rodríguez es un símbolo que condensa en ella el poder que anteriormente pertenecía a Maduro, ordenando el relato oficialista alrededor de su figura.

Esa escena marca un cierre provisional tras un mes de reuniones ministeriales, desmentidos oficiales, escenografías y campañas de propaganda —dirigidas hacia adentro y hacia afuera del país— que han buscado proyectar unidad, lealtad, continuidad y soberanía, en medio de rumores de fracturas, traiciones internas y cuestionamientos sobre tutelaje extranjero.


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