Por qué el “anime” en los escombros no basta para explicar el colapso de los edificios en Venezuela

El poliestireno hallado entre los escombros es un material común en la construcción, aunque no soporta cargas por sí mismo. Su presencia, por sí sola, no prueba que los edificios fueran mal construidos. Determinar por qué colapsaron, y si hubo corrupción o negligencia, es tarea de un peritaje.

Por Adrián González, Cazadores de Fake News. Publicado en alianza con Venezuela Unida

Desde el doblete sísmico del 24 de junio han circulado en redes sociales como Facebook, Instagram, YouTube y TikTok videos y denuncias que atribuyen el colapso de algunos edificios a la presencia en sus columnas y vigas de poliestireno expandido, material conocido popularmente en Venezuela como “anime” y en otros países de Latinoamérica como “icopor”, “telgopor”, “unicel” o “plumavit”. Según estas denuncias, el material habría formado parte, supuestamente, de los elementos estructurales de varias de las estructuras colapsadas y su presencia en los escombros probaría la baja calidad de algunas edificaciones o la existencia de esquemas de fraude durante su construcción.

Las denuncias se refieren, en algunos casos, a estructuras habitacionales de la Gran Misión Vivienda Venezuela. Al menos tres videos relacionados se hicieron virales en los días posteriores al terremoto, que dejó al menos 2.954 fallecidos y 16.592 heridos, además de 856 edificios afectados y 190 colapsados, según el balance del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, del sábado 4 de julio. Entre esas estructuras hay construcciones de distinto tipo, año y sistema constructivo.

A pesar de las denuncias, determinar con certeza cuál era la función de ese material exige una inspección de las edificaciones colapsadas. Y lo más probable es que corresponda a usos habituales del poliestireno en la construcción, como los bloques de las losas aligeradas o el núcleo de ciertos paneles para muros.

La presencia del “anime” en los escombros tampoco es un parámetro útil para separar a los edificios “bien construidos” de los “mal construidos”, porque un evento sísmico extraordinario como el de Venezuela pudo derribar tanto a unos como a otros.

Alrededor de esa confusión se acumularon otras dudas sobre los materiales y la calidad de las obras, que se responden a continuación.

¿Cómo se sostienen los edificios en Venezuela?

El sistema constructivo más común en Venezuela es el de edificios “aporticados”, conformados por marcos de concreto armado o de acero estructural. El concreto armado es el dominante en vivienda, mientras que el acero es más frecuente en galpones y en estructuras industriales o comerciales.

Esos marcos se componen de columnas, vigas y losas de piso. Las columnas son los elementos verticales que sostienen el edificio (como las patas de una mesa), y las vigas, los elementos horizontales que las conectan y que sostienen a las losas de piso, las superficies sobre las que caminan quienes habitan los edificios.

El concreto, u hormigón, es una mezcla de cemento, agua, arena y piedra que, al endurecerse, se comporta como una roca artificial muy resistente.

Se habla de concreto u hormigón «armado» cuando lleva barras de acero en su interior, conocidas en Venezuela como cabillas. Cada material aporta algo distinto: el concreto soporta ser “aplastado” (comprimido) y el acero soporta ser “estirado” (traccionado). Ese comportamiento conjunto depende de que el concreto sea continuo, que no tenga interrupciones.

Los edificios aporticados, sin embargo, no son el único sistema que existe. También hay otros que emplean paneles con núcleo de poliestireno expandido, y son los que más confusión han generado.

¿Qué pasaría si una columna o una viga tuviera “anime” en toda su sección?

Si una columna hubiese sido construida con “anime” en toda su sección, probablemente habría hecho fallar a la estructura, parcial o totalmente, mucho antes de que llegaran los terremotos. Las columnas cargan el peso del edificio todos los días, no solo durante un sismo, de modo que una columna cuya sección estuviera ocupada por poliestireno expandido habría fallado sin necesidad de acciones extraordinarias, como la acción de un sismo.

Lo mismo ocurriría en el caso de las vigas, que reciben el peso de los pisos y lo trasladan a las columnas. Una viga con la sección interrumpida por poliestireno expandido habría fallado por flexión (como cuando se parte un pan por el centro), o por corte (como cuando se divide con un cuchillo una barra de margarina), también bajo cargas cotidianas.

Pórtico simple con columnas, vigas y losa. Si una viga estuviera interrumpida por un bloque de poliestireno, no sería capaz de distribuir las cargas de la losa de piso que se apoya en ella.

Ese peso de todos los días, el de la propia estructura más el de las personas y los muebles, es el que cualquier edificio soporta de forma permanente. La norma venezolana COVENIN 2002-88 fija los valores mínimos que debe resistir.

Por eso es relevante que muchos de los edificios colapsados llevaran años en pie. Su permanencia demuestra que sus elementos de soporte resistían el uso cotidiano, aunque no necesariamente un efecto extraordinario, como los vientos de un huracán o el doblete sísmico del 24 de junio. Una columna o una viga con poliestireno en su sección habría cedido durante la obra o poco después, por el propio peso de la estructura.

¿Es raro encontrar poliestireno expandido (“anime”) en edificios tradicionales?

El poliestireno expandido es un material de uso corriente en la construcción, presente en paredes divisorias, juntas, aislamientos y, sobre todo, en losas de los pisos, aunque nunca como parte del esqueleto que sostiene la edificación. Por ello, encontrarlo entre los escombros de un edificio colapsado no indica, por sí solo, una irregularidad.

Los bloques más grandes de “anime” en los edificios aporticados suelen ser los usados al momento de construir losas “nervadas”, que son los pisos de concreto de cada nivel del edificio. A veces, en lugar de construir placa maciza y pesada de concreto, esa losa se arma con nervios o “costillas” de concreto que corren en una sola dirección, como los surcos de una papa ondulada, o en dos, formando una cuadrícula parecida a un waffle.

El concreto se vierte líquido sobre los bloques de poliestireno, separados entre sí por el espacio que ocuparán los nervios, igual que la mezcla de un waffle llena los huecos de la plancha. Al endurecer el concreto, los bloques de anime quedan atrapados dentro de la losa, donde ocupan un lugar a pesar de que no soportan ninguna carga.

A este tipo de losas se les llama también “aligeradas”, aunque esto no significa que sean de peor calidad ni de menor resistencia. Al contrario, cuanto más altos son los bloques de poliestireno sobre los que se vierte el concreto, más altos quedan los nervios y más resistente es la losa.

Uso de bloques de poliestireno expandido para construir losas nervadas en uno y dos sentidos. Fuente: Cazadores de Fake News/Google Gemini
Un nervio más alto le da a la losa más resistencia sin sumarle peso. Fuente: Cazadores de Fake News/Google Gemini

¿Por qué las paredes o muros de algunos edificios están llenos de “anime”?

Existe un sistema constructivo distinto al de los edificios “aporticados” en el que el poliestireno sí forma parte de los muros que soportan las cargas del edificio: los paneles estructurales tipo “sándwich”, como el sistema semiprefabricado de origen italiano Emmedue o “M2”. Cada uno de estos paneles tiene un núcleo de “anime” cubierto por mallas de acero en sus dos caras, sobre las que se proyecta en obra una capa de mortero de cemento.

Detalles estructurales típicos del sistema Emmedue (M2). Fuente: Manual Técnico Emmedue, Suminsa (Nicaragua).

Sin embargo, en esos paneles la carga tampoco es soportada por el “anime”, sino por las dos capas de concreto y acero que la envuelven, que trabajan en conjunto como muros resistentes a cargas. Por ello, no se trata simplemente de edificaciones “de anime”: las planchas de poliestireno son la superficie a partir de la cual se comienzan a construir los muros de concreto, que en este caso no van armados con barras de acero (cabillas), sino con mallas de acero.

Según la página oficial de la empresa italiana Emmedue, este sistema se utilizó en desarrollos de la Gran Misión Vivienda Venezuela, como el urbanismo Tacarigua V, en el estado Carabobo, con edificios de cuatro pisos. El complejo, de 616 apartamentos, forma parte del plan de vivienda social iniciado en 2011.

El Emmedue es un sistema legítimo y calculable bajo norma, empleado sobre todo en edificaciones de baja altura. Pero su seguridad no depende del panel en sí, sino de que cada obra se calcule según el suelo y la zona sísmica de su ubicación. Determinar si esa condición se cumplió en cada urbanismo exige una evaluación técnica que hasta ahora no se ha hecho pública.

Esto importa al momento de interpretar los videos virales. Un muro que muestra “anime” detrás de una capa delgada de concreto puede corresponder a un panel de este tipo y no necesariamente a un fraude, aunque tampoco lo descarta por sí solo.

Conviene aclarar, además, que no todos los sistemas industrializados construidos en Venezuela usan poliestireno expandido. Por ejemplo, el urbanismo Hugo Chávez, en La Guaira, cuyas torres quedaron inhabitables tras el doblete sísmico, fue construido por la empresa turca Summa con una estructura de acero revestida de fibra de vidrio, madera y drywall, según Armando.info. Ese material también puede confundirse con “anime” entre los escombros, aunque pertenece a un sistema constructivo por completo diferente.

Entonces, ¿qué es ese poliestireno que se ve entre los escombros?

Puede provenir de muchas partes distintas de una misma obra, según el sistema con el que fue construida. Podría formar parte de las losas nervadas, de los tabiques divisorios, del relleno de algunas juntas de dilatación, de molduras decorativas recubiertas de mortero o del núcleo de los paneles del sistema Emmedue (M2). En Venezuela todos esos usos son habituales, pero ninguno forma parte del esqueleto que sostiene al edificio.

Distinguir uno de otro a simple vista, entre escombros, es difícil incluso para especialistas. Establecerlo con certeza exige revisar los planos de cada edificio, ensayar los materiales y comparar las partes reconocibles de la estructura caída con esos planos.

Una impresión visual entre los restos de un edificio no puede reemplazar ese procedimiento, ni permite concluir nada sobre la calidad de la obra.

¿La presencia de «anime» puede ser una pista de la razón del colapso de tantos edificios distintos?

Hasta el momento no se ha demostrado, ni siquiera, que las losas de todas las estructuras colapsadas hubieran sido losas nervadas construidas específicamente con poliestireno expandido.

Los edificios que colapsaron no forman un grupo homogéneo: no se encuentran únicamente en La Guaira, no todos pertenecen a la Gran Misión Vivienda, no fueron levantados el mismo año ni con el mismo sistema constructivo, y tampoco fueron calculados necesariamente con una misma norma sismorresistente venezolana, que se actualizó en 1998, 2001 y 2019.

Atribuir todos esos derrumbes a un solo material o a un mismo sistema constructivo es una generalización apresurada. Tampoco puede descartarse que varias de esas estructuras, pertenezcan o no a la Gran Misión Vivienda, hayan colapsado por problemas de suelo, de materiales, de diseño, de construcción o de inspección.

Comprobarlo exige estudios técnicos forenses en los edificios colapsados o afectados. Esos estudios entregan información a la que no se puede llegar solo con fotografías o videos.

¿Qué causó el colapso de edificios en otros terremotos parecidos?

En sismos comparables, las causas documentadas no fueron materiales ocultos como el poliestireno, sino fallas de diseño, suelos inadecuados y corrupción. Tras el terremoto de Ciudad de México en 2017, ingenieros de la Universidad de Stanford atribuyeron cerca del 61 % de los 44 edificios caídos a un método de losas apoyadas solo en columnas. A eso se sumaron el suelo blando de la ciudad y los permisos que dejaron construir fuera de norma.

Los informes forenses del doble sismo de Turquía de 2023 apuntaron a concreto de baja resistencia, acero insuficiente, pisos con cantidad insuficiente de columnas (pisos blandos) y detallado deficiente de las barras de acero de refuerzo, sumados a las amnistías de construcción y a la falta de inspecciones independientes.

En ambos casos la corrupción aparece como factor, pero ligada a decisiones verificables sobre diseño, materiales y control de obra, no a materiales no estructurales hallados entre los escombros, como el poliestireno expandido.

Que el “anime” no pruebe la mala construcción tampoco equivale a descartarla. La causa de cada colapso generalmente no surge de fragmentos capturados de forma casual entre los escombros, sino que exige una investigación técnica en cada edificación, capaz de evaluar desde la calidad de los materiales hasta el comportamiento del suelo, los efectos del doblete sísmico y también aportar información que permita mejorar las distintas normas usadas en Venezuela para el diseño estructural de edificios. Un tipo de información obtenida en campo que podría perderse, si no se identifica y sistematiza por profesionales justo en este momento, antes de que los edificios colapsados sean totalmente demolidos.

Distinguir lo comprobado de lo que no lo está no cierra la pregunta por las responsabilidades, sino que la protege. Una denuncia exagerada se refuta con facilidad y termina restándole fuerza a quienes exigen respuestas. En cambio, el reclamo que se apoya en lo verificable, como los permisos de construcción, la calidad de los materiales y los estudios de suelo, es el más difícil de desmontar.


Sobre el autor: Adrián González es director de Cazadores de Fake News, organización de verificación venezolana acreditada por la International Fact-Checking Network. Es ingeniero civil graduado de la Universidad de Los Andes, en Venezuela, con maestría en Ingeniería Estructural, y ha participado en el diseño de edificios bajo las normas de Venezuela, Estados Unidos y Chile.

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Cazadores de Fake News investiga cada caso mediante la búsqueda y el hallazgo de evidencias forenses digitales en fuentes abiertas. En algunos casos, se usan datos no disponibles en fuentes abiertas con el objetivo de reorientar las investigaciones o recolectar más evidencias.

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