Qatar: un país para la mujer y la familia

La religión, la segregación de las mujeres y el control de la población, a través de la mirada de una venezolana residenciada en Doha desde el 2019

Qatar es un país ubicado en el Golfo Pérsico que cuenta con 11.586​ km² de superficie, y alberga una población de 2.891.345 personas. Para ponerlo en perspectiva, es apenas más grande que el estado Mérida (11.300 km²) y tiene casi la misma cantidad de habitantes que Carabobo (2.886.093 hab.).

De esos casi 3 millones de habitantes, Qatar considera como fuerza laboral (mayores de 15 años) a 2.395.883, de los cuales apenas 219.047 son qataríes (9%). Este es el contexto que obligó a The Guardian a corregir el titular de un polémico artículo publicado en 2021 y que da otra mirada a esas 6.400 muertes de una población de 2.176.836 personas en los más de 10 años, a los que se refería el texto.

Desde entonces, han sido muchos los mitos difundidos acerca de la vida en Qatar y los múltiples pronunciamientos públicos sobre el país, como los de artistas que se negaron a asistir al mundial o a participar de los espectáculos “hasta que se solventaran las deudas de ese país en materia de derechos humanos”. A pesar de eso, la FIFA no suspendió el evento, así que la pregunta que cabe es ¿Qatar es tan malo como lo pintan?

Dada la cantidad de expatriados que hacen vida en ese país, es frecuente socializar entre diversas nacionalidades e idiomas. “En el trabajo, probablemente, tendrás de todo tipo de nacionalidades. Entonces hablarán un idioma común, que suele ser inglés. En mi caso, hablamos español porque la mayoría del personal habla español, pero tenemos ese puente con los árabes porque, claro, nosotros no hablamos árabe. Entonces hablamos inglés”, explica Maritza Pinto, una venezolana residenciada en Qatar desde el 2019, creadora del webshow de Periodismo Constructivo “Tita y Karak” y, recientemente, periodista en Hola Qatar 92 FM, una nueva radio de habla hispana que forma parte de Qatar Media Corp.

Además de periodista, Maritza es músico, esposa y madre de 3 hijos. Salió de Venezuela en el 2004 y vivió en España y Reino Unido antes de llegar a Doha (Qatar) en agosto del 2019, junto con su familia. “Llegamos por una oferta de trabajo a mi esposo (también venezolano) —él es profesor universitario— y porque teníamos muchas ganas de explorar esta parte del mundo. Nos llamaba muchísimo la atención, salió esta oportunidad y, bueno, aquí estamos”, dijo.

El caso de Maritza no es atípico en Qatar puesto que las leyes de inmigración establecen que la única manera de conseguir permiso de residencia es a través de un empleador qatarí. “Aquí nadie puede estar si no tiene trabajo. Este no es un país al que vienes a probar fortuna, es un país al que vienes si tienes una oferta”.

“Se acabó tu servicio aquí, te devuelven a donde pertenezcas. Depende del contrato de expatriado que tengas, lógicamente. Si ya se te venció tu tiempo de servicio, pues, no te puedes quedar buscándote la vida. Además, como tienes tan buenas condiciones y vives tan tranquilo, nadie quiere arriesgarse”.

Esa característica hace de Qatar un país muy seguro porque —aunque existen diferentes tipos— cada convenio de expatriados incluye, además del permiso de residencia, el sueldo y condiciones particulares para cubrir gastos de transporte, habitación y alimentación. Además, hay cámaras de seguridad en las áreas públicas y es habitual el uso de la identificación personal para acceder a urbanizaciones o ciertos establecimientos.

“Es saber que en todos lados vas a estar realmente segura, porque si a mí me graban a todos nos graban y todos estamos seguros. Eso no es nuevo, en Reino Unido —por ejemplo— había cámaras de seguridad en lugares públicos y es lo más lógico”.

Qatar y el islamismo

La religión oficial de Qatar es el Islam, practicado por 77% de la población (mayormente sunníes) razón por la que en su territorio prelan los preceptos del Corán. Sin embargo, la manera en la que viven no se puede comparar con otros países musulmanes como Irán.

“Un shock cultural ha sido asumir erróneamente que —porque una persona no lleva velo— no es musulmana. Fue un gran shock que descubrí en ramadán. En este país, las mujeres musulmanas —en general— no se cubren ni por el marido, ni porque las obligan. Se cubren por convicción propia, por su fe”.

En el país no existe la venta libre de cerdo y sus derivados, pero sí hay almacenes especiales para que los expatriados no musulmanes puedan adquirirlos, al igual que las bebidas alcohólicas “y el límite es alto”, recalca.

“Es parte de la decisión que tomas cuando decides venirte a vivir a un país musulmán, ellos te reciben y tú debes respetar sus normas”.

Aunque, en el caso de las bebidas alcohólicas, sí hay locales nocturnos y restaurantes en los hoteles que tienen permiso habitual —no por el Mundial— para el expendio y consumo de estas especies con moderación.

Además, Qatar no solo respeta las otras religiones, sino que ha dispuesto un complejo de iglesias o templos para que los expatriados no musulmanes (mayormente hindúes y católicos) puedan asistir a sus servicios. “Si tú eres católica puedes ir a tu misa, no irás el domingo, irás el sábado. Yo he asistido hasta a comuniones”.

Las mujeres tienen prioridad

La mujer tiene mucho más poder de decisión de lo que realmente la gente cree. Ellas pueden decidir trabajar. Cuando se casan, el hombre tiene la obligación de mantenerlas y, si ellas deciden trabajar, el dinero que va de su trabajo es para ellas. Ellas deciden si (su dinero) va a la casa o no, y así como tienen la decisión de trabajar, también tienen la decisión de cubrirse o no”.

Bajo esta misma premisa, la mujer —y su seguridad— tiene prioridad en todos los ámbitos de la vida en Qatar, desde ser atendidas primero en un café, hospital o en el banco o contar con horarios especiales de “solo mujeres” en gimnasios y en actividades deportivas.

“En los gimnasios es mixto y hay horarios que son “solo mujeres”, pero es eso, horarios. Las escuelas qataríes son de niñas o niños, las escuelas internacionales sí son mixtas”.

Qatar para la familia

«Es un país que te abre las puertas y recibe muy bien a las familias numerosas —por ejemplo, lo que llaman en España familias numerosas—. Nosotros tenemos tres hijos, o sea, somos cinco y aquí no somos “los que tienen muchos hijos”».

En la mayoría de las familias de expatriados, solo uno de los padres trabaja, que suele ser el hombre, aunque hay un 3% de hombres que no trabajan.

“Son familias en las que solamente una de las dos personas trabaja, sea la madre o el padre. Suelen ser los hombres los que trabajan porque vienen por trabajo y se traen a la familia; y las mujeres —ya aquí— deciden si quieren trabajar o no. Muchas prefieren seguir criando, porque lo que tiene Qatar es que es un país maravilloso para hacer familia, para dedicarte a tu familia”.

“Es una vida muy tranquila y muy segura en la que se puede estar en la calle de noche, a las 12 de la noche, y estar seguros”.

Un día habitual en Qatar implica, llevar los hijos a la escuela, irse al trabajo y, luego de culminar la jornada laboral, hay infinidad de actividades recreativas deportivas y culturales en las que puede participar toda la familia. “Hay muchos eventos para niños, muchos eventos gratuitos familiares, muchos eventos culturales. La diversidad cultural que hay aquí es impresionante”.

Toda la vida en Qatar está pensada para la familia, por esta razón los cines solo proyectan películas aptas para todo público y el cine hollywoodense es censurado — en las escenas que contravienen el Corán—. Lo que no implica ninguna censura a, por ejemplo, las plataformas de streaming que cada familia pueda contratar.

Qatar y el choque cultural

A pesar de haber vivido en 4 países, Maritza reconoce que sí sintió un choque cultural en varios aspectos de la vida qatarí —aparte de las mujeres musulmanas sin velo— que, posiblemente, no son lo que la gente espera:

  • Que la semana laboral empieza el domingo, mientras el resto del mundo está descansando.
  • No cerrar las puertas de la casa y permitir que los hijos y vecinos se paseen libremente entre diferentes hogares.
  • Poder estar tranquila en la calle, sin cruzarse la cartera, y que sus hijos puedan andar solos.

En líneas generales, hay una sola cosa que Maritza lamenta luego de haberse mudado a Qatar. «Me ha dolido escuchar y ver —así como un recorta y pega de Twitter— comentarios diciendo que “los que hablamos bien de Qatar es porque lo estamos blanqueando, porque el régimen nos está pagando un dinero”. Es poner en tela de juicio la vida que les estamos contando y que realmente llevamos».