¿Por qué rechazar la desinformación, venga del oficialismo o de la oposición?

En el juego de la desinformación y de la manipulación en redes sociales, la sociedad civil tiene una marcada tendencia a salir perdiendo. Sea cual sea tu bando, hay muchas razones por las que siempre es preferible rechazar a las mentiras

Cuando hablamos sobre “guerra de información”, muchos internautas imaginan a dos bandos enfrentándose por hacer más visible dos versiones opuestas y contradictorias de un mismo tema. Si apoyan a alguno de los dos bandos, denuncian y rechazan activamente el uso de mentiras, falsedades o medias verdades que perjudican a lo que defienden, pero suelen mirar hacia otro lado si las falsedades tienen como objetivo al bando contrario.

En otros casos, la verdad y la lucha contra la desinformación es defendida por países, actores o partidos políticos que, al mismo tiempo, se contradicen cuando apoyan narrativas engañosas o difunden bulos, financian a equipos de personas que inundan las redes sociales con narrativas que les convienen o usan cuentas falsas para impulsar desinformación o manipular a las redes sociales de forma encubierta.

Ninguna de las anteriores es una forma auténtica de luchar contra la desinformación, porque responden a intereses particulares pero contradicen valores que deben ser estimulados en sociedades democráticas. 

Por ello, la sociedad civil, con ayuda de la prensa independiente, debe tener un papel protagónico en la lucha contra la desinformación. Es la única garantía de que la verdad sea defendida de forma desinteresada, no partidista y que la lucha contra la desinformación no se convierta en un ejercicio estéril de contrapropaganda.

Las siguientes son algunas razones por las que la desinformación debe ser combatida venga de donde venga, y por las que se debe apostar por aumentar la resiliencia de la sociedad civil y de los medios independientes al problema de la desinformación, para enfrentarla de forma auténtica y sostenible.

El mito de ¿a quién le conviene?

Uno de los principales errores que cometen los internautas cuando intentan evaluar noticias falsas, campañas coordinadas y desinformación digital, es atribuir su autoría a algún actor sin mostrar evidencias, usando argumentos simplificados como “¿a quién le conviene que este fake news exista?”. Este no es más que un “atajo” mental insuficiente, que suele resurgir de vez en cuando y que es muy usado por actores políticos para defenderse de ataques desinformativos.

Pero la acción de difundir información falsa o engañosa, generalmente tiene una reacción desfavorable, especialmente cuando alguien puede demostrar que lo es. Eventualmente, no le conviene ni a la víctima, ni al victimario.

En julio de 2021 se llevaron a cabo una serie de protestas ciudadanas en Cuba, que incluyeron manifestaciones en varias ciudades del país y campañas de protesta digital en redes sociales. El 11 de julio se reportó una protesta popular en el malecón y el centro de La Habana vieja, que fue documentada en un video que circuló en redes sociales. Pero la desinformación no tardó mucho tiempo en llegar.

Ese mismo día comenzó a circular en internet una fotografía tomada en Egipto en 2011, que algunos tuiteros afirmaban que correspondía a las protestas en curso en el malecón de La Habana. Al poco tiempo, la imagen fue desmontada por múltiples portales de verificación, y el régimen cubano se victimizó y capitalizó la reacción del bulo, usando la fotografía como evidencia de la “manipulación mediática” que estaría impulsando la diáspora cubana en Miami o el gobierno de Estados Unidos para estimular descontento en la isla.

¿Cómo pudo el régimen cubano afirmar que la fotografía engañosa fue comenzada a difundir por opositores cubanos o por Estados Unidos, sin haber mostrado la traza inicial?

¿Cómo pudo estar seguro de que la imagen comenzó a difundirse debido a una estrategia previamente organizada y que no fue puesta a circular simplemente por personas que la vieron como una herramienta para agitar, o que fue puesta en circulación por un simple error humano?

Izquierda: el 11 de julio de 2021, el Movimiento San Isidro reportó una protesta popular en varios lugares de Cuba, entre ellos el malecón y el centro de La Habana Vieja. Centro: el medio de propaganda Cubadebate reseña el bulo sobre una falsa marcha en el malecón de La Habana. Hay evidencias de que la foto comenzó a circular en Facebook antes que en Twitter, pero su origen es incierto. Derecha: observación sobre la atribución engañosa realizada por el régimen cubano contra Estados Unidos.

En todo caso, el desmentido de la foto tomada en Egipto, fue impulsado con tanto empeño por medios oficialistas cubanos (y de sus países aliados), que la protesta (real) en el malecón de La Habana quedó eclipsada y algunas personas creyeron que nunca ocurrió.

El efecto del bulo, después de ser desmontado, fue exactamente el contrario al previsto. Una vez que los desmentidos comenzaron a circular masivamente, parte de la población cubana terminó decepcionada, confundida y desarticulada. La euforia pasaba a convertirse en frustración y muchos pensaron que toda la ola de protesta ciudadana había sido una gran mentira, una narrativa engañosa también alimentada desde medios de propaganda cubanos.

Sin embargo, otros tuiteros, medios y comunicadores, rechazaron la desinformación de forma instantánea. Identificaron rápidamente la imagen como desinformación, indistintamente de su origen real o de a quién le convenía difundirlo y siguieron informando sobre los hechos en curso.

Propaganda negra

La propaganda negra es propaganda de falsa bandera, que tiene como objetivo hacerle daño a quien se supone que fue su creador, aunque proviene precisamente de su adversario

Aunque su uso es bien conocido por gobiernos de cualquier inclinación política desde hace más de 100 años, el grueso de la población sigue siendo vulnerable a ella. Generalmente, la sociedad civil desconoce el uso de la propaganda y la desinformación encubierta, tanto cuando es impulsada por Estados o cuerpos militares, como cuando se usan técnicas similares en contiendas electorales o al momento de posicionar una matriz de opinión en redes sociales.

Uno de los ejemplos clásicos de propaganda negra y desinformación son los infames “Protocolos de los Sabios de Sión”, un libro antisemita falsificado que comenzó a circular en 1902. Su redacción fue atribuida a grupos judeo-masónicos, aunque en realidad es una falsificación realizada por la Ojrana, la policía secreta del régimen zarista en el Imperio ruso, años antes del ascenso del comunismo.

Y aunque parece una referencia de muy vieja data para ser tomada en cuenta, los Protocolos son mencionados de vez en cuando por grupos de extrema derecha, islamistas o anti-Israel, en pleno siglo XXI:

En la era digital también existen ejemplos de propaganda negra y desinformación encubierta, pero no limitada a falsificaciones de noticias, libros o documentos. La manipulación clásica ahora va acompañada con elementos netamente digitales: rumores en redes sociales, cuentas y medios falsos, uso de spam (contenido basura) y astroturfing (campañas coordinadas no auténticas en redes sociales). Y este fenómeno no es reciente.

El “Ejército de los 50 Centavos” o Wumao (五毛) es una red de comentaristas digitales financiada por el gobierno Chino, que existe al menos desde 2004, cuyo objetivo es publicar comentarios favorables sobre sus políticas y manipular la opinión pública en internet.

En 2011 se filtró un decálogo de este ejército digital, que instruía a sus comentaristas a intoxicar a foros en internet y tablones de comentarios en portales de medios de comunicación, usando algunas técnicas encubiertas de manipulación que siguen siendo usadas en la actualidad:

Decálogo del Wumao filtrado en 201 y traducción de algunas de las indicaciones

“6. Si es necesario, puede crear noticias falsas sensacionalistas para atraer a los internautas y luego aclarar rápidamente que la información no es más que un rumor”

De “Guía de trabajo para revisores en línea”, decálogo filtrado en 2011 del “Ejército de los 50 Centavos” chino

Desde entonces, las mismas técnicas de manipulación en redes sociales, incluyendo cuentas falsas y manipulación de conversaciones y encuestas en línea (que puede ser considerada tanto propaganda negra como desinformación), han venido siendo usadas en innumerables operaciones de influencia digitales, como las impulsadas desde 2016 por “granjas de trolls” rusas (como los Trolls de Ólguino o las redes de trolls del GRU —un cuerpo de inteligencia militar ruso—). En la actualidad, sin embargo, las mismas técnicas suelen ser detectadas en cualquier parte del mundo, inclusive en Latinoamérica.

En 2021 y 2022 estudiamos el caso de una inmensa red de cuentas encubiertas en Twitter que fue usada parcialmente para contaminar la conversación en las Elecciones Regionales 2021 de Venezuela, aunque en la misma red operaban cuentas que también contaminaron con comentarios propagandísticos y desinformación encubierta la conversación sobre temas de interés nacional en Bolivia, Panamá y República Dominicana.

En el caso de Venezuela, algunas cuentas trolls se hicieron pasar, de forma encubierta, por opositores venezolanos e intentaron sembrar discordia entre los votantes de candidatos opositores a las gobernaciones de los estados de Miranda y Barinas, con el objetivo de dividir el voto y favorecer a los candidatos del chavismo venezolano:

Comentarios publicados por cuentas trolls de la red #TrollsVQ (antes #LosTrollsLlaneros), intentando sembrar discordia y dividir el voto opositor en Venezuela

El uso de propaganda negra, desinformación y cuentas encubiertas en redes sociales contradice valores que actores democráticos (Estados, partidos y líderes políticos) deben defender en sociedades que son realmente libres y transparentes.

Tanto votantes como internautas deben rechazar estas prácticas, indistintamente de su preferencia política o de si la desinformación difundida le conviene a su bando, porque son tácticas abusivas y engañosas con la que se manipula su percepción de la realidad y que atentan contra su derecho a mantenerse correctamente informados.

“Tontos útiles” y altavoces de mentiras

El término “tonto útil” ha sido usado desde la época de la Guerra Fría para describir a personas no-comunistas que, involuntariamente, se convierten en vectores o amplificadores de propaganda y desinformación comunista.

Muchos de los usuarios de redes sociales se vuelven “tontos útiles” de actores maliciosos, cuando se dejan llevar por sus sesgos o emociones y amplifican desinformación, propaganda o contenido de odio, sin saber que lo es. Los desinformantes explotan estos sesgos de las audiencias y ocasionalmente logran darle visibilidad a contenido malicioso que pasaría desapercibido o no tendría ningún tipo de impacto si no fuera por la colaboración de estos altavoces involuntarios.

Pero a veces, se viraliza información errónea, rumores o contenido de odio que no proviene de actores maliciosos ni forma parte de campañas coordinadas, y se tornan problemáticos cuando son amplificados por cibercomunidades que no saben, no pueden o no quieren verificarlos. Tal como ocurrió en el caso de la falsa invitación a una “Noche de Purga” en contra de migrantes venezolanos, que se viralizó en Chile en febrero de 2022. 

No hay evidencias de que la falsa invitación haya sido creada o distribuida como parte de una campaña de odio específica. El caso más bien parece ser un ejemplo de contenido xenófobo creado de forma aislada, casual, pero que comenzó a circular sin control debido a la misma reacción de la comunidad y los medios venezolanos en Chile, reflejando un deseo espontáneo de autoconservación de la misma diáspora.

El rumor se hizo tan viral que hasta se recibieron reportes de refugios de migrantes venezolanos al norte de Chile que esa noche se prepararon para una posible contingencia. Y eventualmente, comenzó a ser reseñado en portales de propaganda del régimen venezolano, que echaron aún más leña al fuego.

Pero la invitación no era más un rumor, basado en información errónea, que cayó por su propio peso la misma noche para la que había sido convocada la “Noche de Purga” que, por supuesto, nunca ocurrió. El único efecto que tuvo el rumor, mientras duró, fue que generó pánico generado en integrantes de la vasta comunidad de migrantes venezolanos en Chile, quienes fueron los principales responsables de haber hecho viral al rumor.

@cazamosfakenews

Visita cazadoresdefakenews.info | Investigación imagen viral “noche de purga” venezolanos en Chile #VenezolanosEnChile #Iquique Xenofobia

♬ sonido original – Cazadores de Fake News

En otras ocasiones, aparecen actores concretos detrás de la generación de rumores, desinformación o bulos, pero no siempre están vinculados directamente con partidos o actores políticos, sino que operan de acuerdo a intereses particulares.

En mayo de 2020 estudiamos el caso de la cuenta de Twitter @WilexisPetare, que se hizo pasar por un líder negativo del Barrio José Félix Ribas de Caracas, Venezuela. 

Durante varios días, la cuenta convocó a la formación de protestas populares en la ciudad y, aunque algunos medios desinformados se hicieron eco de las falsas convocatorias lanzadas desde la cuenta, muchos tuiteros venezolanos mostraban escepticismo, denunciando que se trataba de una cuenta falsa encubierta que no era manejada por el antisocial.

Finalmente, en mayo de 2020, la cuenta publicó un largo hilo de tweets, muy políticamente cargado, desmintiendo ser Wilexis:

En su arenga digital atacó al régimen venezolano (chavismo) pero también condenó a parte importante de la oposición venezolana, calificándola como “una falsa dirigencia” de la “oposición socialista”, y aprovechando la oportunidad para afirmar que las únicas opciones para generar un cambio democrático en Venezuela, eran soluciones de fuerza.

El anterior es un falso dilema, recurrente en los sectores más radicales de la oposición venezolana, que deja por fuera el protagonismo de la sociedad civil necesario para generar un cambio con características realmente democráticas:

“Aquí solo hay dos salidas: la intervención militar o el levantamiento de un sector de la fuerza militar (…)”

Tweet publicado por la cuenta falsa @WilexisPetare (suspendida), 11 de mayo de 2020


Varios días después de publicar su hilo-manifiesto, la cuenta fue bloqueada por violar las Reglas de Twitter. Sin embargo, existen evidencias de que @WilexisPetare no había sido operada por el chavismo, ninguno de los principales líderes o partidos de la oposición venezolana, ni era obra de un lobo solitario espontáneo. La cuenta había sido operada por el líder de un grupo específico de tuiteros, cercano a un partido político de oposición radical, que había participado en el posicionamiento en Twitter de varias etiquetas de agitación popular alrededor de 2018. 

El oficialismo venezolano no desperdició la oportunidad de vincular a la cuenta falsa con toda la oposición venezolana y la oposición venezolana no tardó mucho en tiempo en afirmar que quien manejaba la cuenta era un chavista infiltrado. En ningún caso se mostraron evidencias.

Los tuiteros que difundieron o apoyaron las convocatorias de la cuenta falsa @WilexisPetare, se convirtieron, al menos temporalmente, en tontos útiles a los intereses de un titiritero que manipuló sus esperanzas y que le generó frustración, una vez más, al pueblo venezolano.

Quienes sospecharon desde el principio de las verdaderas intenciones de la cuenta falsa y rechazaron la desinformación que generó, ayudaron a prevenir que más tuiteros fueron manipulados por los intereses particulares de su operador.

La lucha contra la desinformación y la defensa de los valores democráticos

La afinidad política moldea la manera en la que la desinformación y los desmentidos sobre “fake news” son difundidos en redes sociales. Las cibercomunidades de un bando suelen estar interesadas en difundir desmentidos sobre la desinformación que les afecta, pero en ocasiones impulsan desinformación que (piensan que) le hace daño al bando contrario, restándole importancia a la difusión de desmentidos sobre los bulos que afectan a sus adversarios.

Este es un problema ligado al sesgo de confirmación que puede beneficiar las narrativas de actores políticos, pero que la sociedad civil debe rechazar sin prejuicios, si no quiere transformarse en en víctima de guerras informativas u operaciones de influencia con orígenes u objetivos que desconoce. 

Al inicio de la invasión de Rusia a Ucrania en 2022, medios de propaganda rusos reseñaron el contenido generado por War On Fakes, un canal de Telegram que publicaba desmentidos sobre “fake news” aparentemente generados desde Ucrania y que afectaban a Rusia.

Pero al poco tiempo, verificadores independientes de todo el mundo notaron que War On Fakes no era más que un instrumento de propaganda negra auspiciado por el mismo Kremlin. War On Fakes es un falso fact-checker que “desmentió” varios bulos nada virales, aparentemente fabricados por la misma Rusia, con la finalidad de ser desmentidos rápidamente para acusar a Ucrania de generar “desinformación” en su contra.

En Venezuela también solemos detectar “desmentidos“, publicados oficialmente por el régimen venezolano, que solamente tienen como objetivo descartar acusaciones o distorsionar o alejar la atención de algún hecho escandaloso, aunque sea real:

Es por esta razón, la lucha anti desinformación no puede ser fiable si viene cargada con intención propagandística o está divorciada del problema principal: es necesario alfabetizar mediática e informacionalmente a los ciudadanos y la sociedad civil debería comprender y, con el tiempo, ser capaz de enfrentarse por sí misma al problema de la desinformación.

No basta con decirle a los ciudadanos de un país que algo es “verdad” o es “fake. Es importante proporcionarle a la sociedad civil herramientas que le permitan informarse, contrastar fuentes y discernir cuál es la realidad sobre un tema. En lo anterior debe estar basado el desarrollo de iniciativas que ayuden a aumentar la resiliencia de la sociedad civil con respecto al problema de la desinformación.

Por último, cualquier Estado, partido o actor político que haga uso de desinformación o manipulación de redes sociales para impulsar sus agendas, debe comprender que pone en riesgo su credibilidad y el compromiso que deben tener frente a sus votantes, a los habitantes de un país y, en general, con los valores democráticos, al hacer uso de este tipo de métodos poco éticos y transparentes.

Y la tendencia es que la desinformación en la que se involucren termine siendo descubierta, tarde o temprano.